Cinco

 

Ayer fue la fiesta de mi  cumple. Cumplí cinco. Vinieron mis amigos del jardín y mis primos. Y mi abuela Tatu y mi tía Vivi. Vino Gaby, que es mi mejor amiga. Mamá me dejó poner el vestido azul con flores rosas. Ese es el que mas me gusta, porque el azul es oscuro y parece negro. 

Me despertó mamá con un abrazo. Siempre tiene ese olor delicioso que no tiene nadie más. Me encanta cuando me despierta.  Papá estaba parado en la puerta y me cantó el Feliz cumple con la voz de ópera. Me gusta más el “Que los cumplas feliz” que “Feliz feliz en tu día”. Me asusta cuando dice “amiguito que dios te bendiga”. No entiendo bien eso. No sé qué  es bendecir. Tampoco sé qué es dios,  pero todos dicen "gracias a dios". Tia Vivi cuando se enoja dice "me cago en dios". Mi abuela Tatu le gritó a uno "dios te va a castigar". Y maldición es algo malo. A veces le digo a Magdalena que es una maldita, y mamá se enoja bastante. A mi me lo enseñó Pablito Scogniamiglio. Pablito me da miedo y risa,  juega a la momia de Titanes en el Ring, grita “La momia, luchador sordomudo” y te ahorca.  

Bueno, papá me cantó “Que los cumplas María, que los cumplas feliz”. Eso es bueno. No como Tatu y Vivi que cantan “Que los cumplas Mariquita”. Mariquita es horrible y todos se ríen, pero a ellas no les importa.

En el desayuno me dieron los regalos. Magdalena me regaló una muñeca igual a la de ella.  Le puse de nombre Flora. La bisabuela me mandó un libro y papá y mamá me regalaron lo segundo mejor: un libro enorme, como los de arte de la biblioteca de ellos. El papel es un poco amarillo y tiene dibujos grandes que ocupan toda la hoja. Se llama El libro de los animales encantados. En uno de los dibujos hay una nena que se parece a mí, tiene peinado de  princesa como yo. 

Después vinieron mi abuela Tatu y mi tía Vivi con un regalo rarísimo. Es una madera enorme con dibujitos de circo de un lado. Con eso van a tapar la parte de abajo de la cama de Magdalena. Nosotras dormimos en camas que están una arriba de la otra, yo duermo en la de abajo. Me dijeron que es para que yo no vea los intestinos de la cama de arriba. No entiendo. Los intestinos están en la panza. Me lo volvieron a explicar y entendí, pero no se si me gusta, porque a veces la asusto a Magdalena empujando su colchón desde abajo, y gritando. Cuando pongan eso ya no voy a poder. Tía Vivi me dice que no tengo corazón cuando hago esas cosas. Yo creo que tengo pero chiquito, como la cabecita de un alfiler.

Tatu me trajo también semillas de jacarandá bonsai. Ese regalo es mucho mejor, porque me encantan los jacarandás. Mi canción preferida es “al este y al oeste, llueve y lloverá, una flor y otra flor celeste del jacarandá”. Las flores  del jacarandá no son celestes, son lilas, pero papá me explicó que es por la rima. Celeste rima con oeste.

A la tarde vinieron todos. Gaby me hizo el regalo más lindo de toda mi vida, el más lindo del mundo: un jueguito de té de porcelana, para darles el té a las muñecas. Lo miraba y no lo podía creer. Es blanco, con florcitas rojas chiquititas como gotitas de sangre cuando te pinchás con una espina. La tapita de la tetera es del tamaño de la uña de mi dedo gordo.

Mamá fue poniendo todos los regalos en la cama de arriba, la de Magdalena. Dijo que no vayamos a jugar ahí, que nos quedemos en el living y en el jardín.

Después llegaron Patricio y Gonzalo, mis primos. Me dan miedo. Corren, gritan, las mamá les grita, comen con la boca abierta y dicen malas palabras. Se pusieron a jugar a la mancha en el jardín y después entraron corriendo a mi cuarto. Yo los seguía de lejos, así que  escuché unos ruidos raros, y entré.  Gonzalo se había subido  a la cama de arriba, había agarrado el jueguito de té y le tiraba con las tacitas a Patricio, que las esquivaba y entonces estallaban contra el piso.

             Salí corriendo y llorando a avisarle a papá. Papá y la tía Pancha los retaron, pero ya está. Ya lo hicieron. Está todo roto. Solo queda la tapita de la tetera. La tía Pancha se los llevó de las orejas y me prometió que me va a traer otro juego. Yo no quiero otro, quiero ese que me regaló Gaby.

El resto del cumpleaños fue triste. Había Coca Cola, piononos que hizo mi abuela, medialunas con queso y la torta era de dulce de leche con merenguitos. Es la que más me gusta,  pero no tenía ganas de comer.

Cuando llegó el momento de soplar las velitas me dijeron que pida tres deseos. No los tenía que decir en voz alta.

Pedí otro juego de tacitas.

Pedí una Barbie

Pedí que Gonzalo y Patricio se mueran.

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