Hay algo en las pinturas de su vejez, ese pequeño lago que refleja el cielo narrado de mil formas diferentes, que me parece que encierra una verdad. No sé exactamente cuál, pero debe ser algo sobre la alegría o la vitalidad, o de, nuevamente, la tozudez de seguir hablando de la luz hasta el último momento en que te silencia la oscuridad.
MONET
Monet me apasiona porque era un señor sensato, burgués, familiero y cuerdo, y aún así pegó uno de los saltos más formidables de la historia de la pintura. Por seguir la luz renunció a la línea, y eso me parece de una valentía feroz, como tirarse sin paracaídas. Amo su recorrido, sus descubrimientos que se nutren hasta de la vejez y el cansancio de los ojos. Y amo que haya construido un jardín como quien pinta. Querría que fuera mi papá o mi abuelo. Me da risa que haya prohibido que lleven flores a su velorio para que no las sacaran de su jardín. Adoro su tozudez pintando mil veces el montón de paja o el puentecito japonés hasta que se te incrusta en la cabeza para siempre.
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